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LA CORBATA
Aunque hay quienes -a duras penas- atesoran en el
closet el corbatín de su primera comunión, para unos 600
millones de hombres en todo el mundo, esta prenda de vestir es la primera
-y a veces la única- gran decisión del día. Un origen
militar, un florecimiento en las primeras décadas del siglo y un
buen número de grosores, telas, texturas y nudos, son circunstancias
que han marcado la historia de la corbata moderna.
"Una
corbata bien anudada es el primer paso serio de la vida".
Oscar Wilde. Una mujer sin importancia. 1893.
"Un traje viejo, un sombrero maltrecho, una perfecta corbata y un
buen cuello: eso hace a un hombre bien vestido".
Barón de
Meyer (experto internacional en estilo, 1930).
"Un cuello imponente es la parte más importante de la masculinidad".
Oliver Wendel Holmes (juez de la Corte Suprema de Norteamérica,
1841-1935).
Con
la historia al cuello
Las primeras imágenes conocidas de la corbata se remontan al
siglo III, en los tiempos del emperador chino Qin Shi, cuando unos guerreros
fueron representados en su tumba, llevando un fulard al cuello. Pero quienes
expandieron la corbata por Europa fueron los croatas, durante la guerra
de los 30 años, de 1618 a 1648, luego, su uso llegó hasta
el comando del ejército francés, a la corte del Rey, a toda
Francia y, finalmente, al resto del continente.
Luego
de la Revolución Francesa, la corbata fue un poco abandonada
por ser símbolo evidente de la aristocracia, pero durante la primera
mitad del siglo XIX, se estrenó el dandysmo, que le hacía
culto extremo a la apariencia. George Bryan Brummel (1778-1840) fue el
dandy más célebre de la época.
El
creador de la corbata moderna fue Jesse Langsdorf, quien fue el primero
en cortar la tela en diagonal, y realizar con ésta hasta siete
dobleces, hasta darle forma y consistencia. Langsdorf puso de moda, en
la década de los años 20, el uso de la corbata para todos
los climas y no únicamente para proteger el cuello del frío.
En
la actualidad, muchos famosos han estado involucrados con el uso de
la corbata: Frank Sinatra tenía una colección de 500, Winston
Churchill siempre prefirió la pajarita con puntos, Bing Crosby
la de rayas anchas y Mick Jagger las de cuero rojas. Para no quedarse
atrás, Aristóteles Onassis tiene su propio nudo y Dalí
produjo una controversial línea con sus clásicos relojes
chorreando.
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El
inglés o Windsor Este enlace firme y simétrico, fue puesto
en el tapete por el siempre galán Enrique VIII, quien, abdicación
mediante, se convirtió en el Duque de Windsor. Es el más
complejo y llamativo de los nudos, y sólo le va bien a las camisas
de cuello ancho. Debido al número de dobleces
que requiere, suele dañar, con el tiempo, el tejido de la corbata.
El italiano o cuatro en mano Es el más utilizado, debido a su sencillez:
está listo en apenas cuatro movimientos. Se le considera un clásico
que calza correctamente en cualquier tipo de camisa, ya sea de cuello
cerrado o amplio. Desde Pierre Cardin (quien lo denominó, junto
a otros modistos franceses, como el régate), hasta los alumnos
de los internados prestigiosos lo han llevado.
El
español o medio Windsor Tiene una vuelta menos que el inglés,
y por lo tanto, resulta menos exagerado, pero igual de compacto que aquél.
Va bien con camisas de cuellos amplios. Para lograr el pequeño
pliegue debajo del nudo -que representa el detalle de la perfección-
existe un truco: cuando ya está armado, se hala de la punta más
delgada, en un sentido ligeramente ladeado, mientras que con la otra mano
se estira el nudo, y se le ajusta.
Telas y texturas
Un gran porcentaje de las corbatas de buena calidad está elaborado
100% en seda. Al principio se confeccionaban sin forro, usando siete doblajes
de la tela, cosa que las hacía sumamente costosas. Ahora, en los
diseños italianos -los más afamados- es muy utilizada la
tela jacquard, ya que es bastante gruesa y los nudos quedan grandes y
muy bien armados. Sin embargo, casas de diseño como Gucci y Hermes,
siguen apostando por estampar sus motivos sobre las clásicas corbatas
de twill, más delgadas y suaves. Hoy en día las telas y
texturas son muy variadas, e incluso Giorgio Armani amenaza con hacerlas
de poliéster.
Todo
comienza por el corte: las buenas corbatas están cortadas al bies,
en un ángulo de 45° con respecto al borde de la tela.
Un promedio de cuatro a cinco corbatas son cortadas en un metro de tela,
cuidando la posición de los motivos del tejido.
Quienes
hacen corbatas a mano, no pueden realizar más de diez por hora.
Las
más célebres casas de diseño prefieren vender corbatas
hechas a máquina, con terminación a mano.
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